Nos encontramos en un modelo muy distinto al de hace unas décadas en el que es más sencillo aceptar con naturalidad las filias sexuales de cada uno. El doctor Stephen Snyder asegura que al contrario de lo que cree la mayoría, tener un fetiche no tiene nada de extraño o extravagante y es algo que ni debería avergonzar a nadie ni se tendría que mantener oculto en la pareja. De hecho, una de las maneras para que el sexo no se vuelva monótono está precisamente en permitir que estas pequeñas perversiones se vean de alguna manera estimuladas y cumplidas entre las sábanas (o incluso fuera de ellas).
Pies
Se trata, probablemente, de una de las obsesiones más difundidas entre los comunes mortales. Según la educadora sexual Nichi Hogson: “Es menos raro de lo que se cree que los pies sean un fetiche. Algunas investigaciones establecen que ciertas áreas del cerebro relacionadas con ellos se encuentran muy próximas a aquellas conectadas con los genitales”.