Pues bien, desde que se convirtieron en marido y marido, ambos habían engordado bastante. Al verme empezaron a gritarme: «¡Mira cómo nos hemos puesto, no pasamos por la puerta!». «Tranquilos, formáis parte del 90% de la población al que le pasa», les dije yo riéndome. De hecho, hasta les enseñé un estudio que dice que, después de la boda, se tiende a engordar una media de diez kilos.