Esparta fue la cuna de una especie única de guerreros, los espartanos. Sus entrenamientos rozaban los límites de las capacidades físicas y mentales de todo ser humano. Su fortaleza se forjaba en los entrenamientos. Una dedicación plena con un único objetivo: transformarse en un guerrero único cada día, más desarrollado en cada combate y más rápido y fuerte en cada movimiento.