- Dominar la tecnología. Si aún desconoces las palabras app, cloud o Google, estás más que perdido. El nuevo paradigma del trabajador no puede prescindir de internet, herramienta indispensable hoy en día. Aprender a dominar la tecnología equivale a abrirse a un mundo infinito de posibilidades, rejuveneciendo así la propia identidad profesional.
- 24 horas online. El trabajo en el siglo XXI no se limita al horario de oficina o a las cuatro paredes del despacho. Precisamente la tecnología nos permite estar siempre y en todas partes conectados. Este valor se ha convertido en algo muy apreciado por las empresas, que consideran un colchón ante cualquier contratiempo. La disponibilidad también genera confianza.
- Ser activo y optimista. Una actitud positiva y optimista es vital para afrontar los desafíos que puedan presentarse por el camino, abriendo la mente a nuevas soluciones y modos de resolverlos. A la vez, las empresas buscan cada vez más profesionales multitarea, que se muestren activos ante cualquier reto y no se limiten a hacer simplemente lo que les toca. La estrategia colaborativa y sentirse parte de un equipo resulta también fundamental a la hora de enfrentarse al mercado y a la competencia.
- La selección natural. El mercado laboral cada vez se parece más a una jungla darwiniana, donde los que se adaptan más rápidamente conquistan una ventaja sobre los demás, con mayores posibilidades de sobrevivir a problemas empresariales. Adaptarse significa habituarse a un proceso de actualización continuo, ya sea desde el punto de vista profesional o humano.
- Parte de una red. Las relaciones profesionales hoy responden a aquello que ha estado definido como “el modelo LinkedIn”, por la célebre red social dedicada al trabajo. Cuidar y dar cuerpo a la propia red es una tarea que el empleado de hoy no puede descuidar. El horizonte de las relaciones no se limita ya a los compañeros más próximos, sino involucra a personas de todo el mundo y a menudo de sectores muy diversos del nuestro.
- Reinventarse o morir. Las empresas del siglo XXI se han vuelto infieles. Conseguir un empleo para toda la vida, como el que tenían nuestros padres, es hoy en día casi imposible. Saberse reinventar y estar abierto a nuevas opciones es importante para mirar con confianza al futuro. El cambio es una constante a la que cualquier empleado debe habituarse. Las empresas cambian, el mercado cambia, y con ellos también las figuras profesionales. Cerrar los ojos y fingir no verlo es el mejor modo de morir desde el punto de vista laboral.