Sin darte cuenta, mueves más de lo que crees la zona periorbital. Gestos cotidianos como sonreír, elevar las cejas acompañando una expresión de asombro, o juntarlas al lanzar una mirada escrutadora… la delicadísima piel del contorno de los ojos se estira y contrae una y otra vez sufriendo, además, las agresiones externas con escasa protección (poca presencia de glándulas sebáceas y capa córnea ultra fina).