Durante 5 días se controló las horas y calidad del sueño, comprobando que los primeros 4 días en que la dieta era rica en proteínas y fibra y baja en grasas saturadas y en azúcares, el descanso fue de buena calidad, mientras que el quinto día en que cada participante seleccionó que comer y redujo considerablemente la cantidad de fibra así como incrementó el consumo de azúcar y grasas, el sueño fue menos reparador.