No nos damos cuenta pero apoyamos los codos y las rodillas multitud de veces al día en distintas superficies. Los codos en la mesa, las rodillas en el suelo, por ejemplo, al hacer un ejercicio… a esto hay que sumar el roce constante con la ropa (en invierno), el número de veces que flexionamos estas articulaciones y la acción normal de los agentes externos (altas o bajas temperaturas, sol, viento…)