Sus muros hacen honor al Dios halcón Horus y al Dios cocodrilo Sobek, especies tan autóctonas como el propio río. A medida que continuamos navegando, el Nilo nos muestra infinidad de matices, aunque el más mágico es su atardecer. Hasta la soledad es llamativa y atractiva en este viaje por el milenario río africano.