La combinación de los resultados de un test de siete preguntas conocido como IPSS, del análisis de orina, de sangre, de la presencia o no de infección y de los niveles del marcador PSA, determinará que el médico de familia derive al paciente al urólogo. “Recomendamos a los pacientes hacerse el PSA cuando tienen síntomas; si no tienen síntomas, no, ya que se ha demostrado que no es útil para mejorar la supervivencia en estos pacientes”.