Pero lo cierto es que una gran parte de ese miedo está provocado por la incertidumbre que nos produce el no saber si nuestro discurso o charla será bien recibida, será convincente, y si, al finalizar, nuestra imagen como profesionales saldrá reforzada o debilitada. Ellos lo saben y este punto débil no les genera precisamente sensaciones de satisfacción, sino más bien las contrarias.