No podrá ganar con Mano a bordo y, de hecho, sabe que supone la inmediata descalificación en la competición que ha estado esperando toda su vida. No queda otra opción que esconderlo en el barco a lo largo del Atlántico, al menos, hasta que encuentre un lugar donde poder dejarlo. Aquí empieza una relación a la fuerza entre dos personajes que no se fían mucho el uno del otro, al principio, pero que acabarán sintiéndose un equipo.