La ciega ambición de Jordan es el pistoletazo de salida para que ponga en práctica todos sus recursos como locuaz, aunque no menos deshonesto vendedor de acciones. Luego de un paso fugaz por Wall Street, lugar donde aprendió cómo funciona “el gran negocio del sistema”, Belfort hace realidad su propia agencia, con su propio equipo, al que forma con gran maestría y el que lo terminará adorando como a un Dios.