El director Anton Corbijn (autor de Control y El Americano) adapta la historia ideada por le Carré, aportándole esa tensión necesaria en toda película de suspense, pero hecha de una manera elegante y relajada, con una fotografía cuidada y un tanto vintage. El guión de Andrew Bovell ha sabido explotar el punto humorístico de Seymour Hoffman, con momentos puntuales en los que más bien parece una comedia (salvando las distancias).