A nosotras nos surgieron multitud de dudas, del tipo: «Pero entonces… ¿eres lesbiana?». Ella se nos definió como bisexual, le seguían atrayendo los hombres, pero había descubierto que también lo hacían las mujeres. Algunas de mis amigas no lo entendían: «O te gusta una cosa, o te gusta la otra, no pueden ser las dos cosas a la vez». Otras decían que la bisexualidad no existía, que era el refugio para los homosexuales que no aceptan del todo su condición.