Nada más abrir la puerta, noté cómo empezaron a salir chispitas de sus ojos y cómo se ponía cada vez más y más nervioso. “Mierda”, dije para mis adentros, sabedora de lo que esto significaba. Pero como era nuevo en la ciudad y tampoco me cayó del todo mal, le di mi número para ir algún día a tomar algo.