Quizás muchas mujeres caerían rendidas a sus pies tras semejantes detalles pseudorrománticos (llegó a dejarme un anillo de compromiso en el buzón), pero para mí todo aquello era un tierra trágame que solo me hacía sentir incómoda. Me descalzaba cada vez que iba a entrar en casa porque, en cuanto oía mi puerta, él salía corriendo a hablarme. Me producía una mezcla de odio, miedo y asco que nadie entendía.