¡Ay, los polvos pendientes! Me fascina todo ese aura que se crea entre las parejas platónicas. Que si un toquecito por aquí, que si una broma calenturienta por allá, miradas, miradas y miradas… Y nada más. Los cuerpos quieren juntarse, lo piden a gritos, pero el momento de hacerlo nunca llega.