Si lo pensamos bien, después de cada ruptura debemos pasar un proceso de duelo. Es un periodo de transición personal que no debemos obviar, pero también hay que saber acabarlo. Y digo esto porque muchos pecamos de querer recuperar ‘el tiempo perdido’, como si no hubiera pasado nada, y otros muchos se acomodan en una tristeza perenne que les sirve de excusa para odiar más al mundo.