Por suerte, yo tuve paciencia y pude resistir a la tentación de dejar de verla, pero el tránsito por la prisión fue duro e interminable. Tuvo que aparecer un personaje despreciable y tétricamente normal como el Gobernador para sacarnos a sablazos del sopor presidiario para volver de nuevo al campo abierto, al peligro, a las persecuciones de zombis.