1. Pon tus pies en remojo, sumergiéndolos unos minutos en agua templada a la que habrás añadido un puñado de sal gorda.
2. Sécalos escrupulosamente.
3. Desinfecta aquel instrumento con el que vayas a cortar las uñas (con un algodón empapado en alcohol). Utiliza preferentemente un cortauñas en lugar de tijeras.