Sin embargo, esta nueva investigación parece haber encontrado que no depende tanto de la calidad del descanso como de la cantidad.
Durante dos semanas analizaron el sueño de 171 mujeres y cómo la duración y calidad del mismo afectaba a sus relaciones sexuales. Para ello, se las sometió a diario a diferentes cuestionarios sobre su actividad sexual (si habían practicado algún tipo de sexo o se habían masturbado en las últimas 24 horas) y sobre cómo de placenteras y reconstituyentes habían sido las horas de descanso (número de horas que durmieron, tiempo que tardaron en conciliar el sueño, etc.).