Solemos pensar que la pasión disminuye con el tiempo. Nosotros mismos le ponemos fecha de caducidad (uno, dos o más años) y eso, se quiera o no, afecta a cómo afrontamos una relación de pareja a largo plazo. En efecto, el estrés del trabajo, la omnipresencia de los hijos, la rutina en la cama o las marcadas diferencias entre el deseo sexual de hombres y mujeres pueden acabar con el noviazgo o el matrimonio. Sin embargo, todavía queda esperanza para las parejas que quieran llegar a las bodas de oro.