Mientras tanto, entre estación y estación, en el interior de los vagones no sólo se compartía vodka y cigarrillos, sino también té y café, siempre servidos por Vladimir, el robusto mayordomo ruso que controlaba todo lo relacionado con el pasaje. Aunque de gesto adusto, su buen nivel de inglés y su pulido desempeño con los pasajeros hizo que hicieran buenas migas, aunque al finalizar el viaje, Larsson tuvo algunas dificultades para que Vladimir acepte unos cuantos chocolates finlandeses y unos paquetes de Marlboro.