Los humanos hemos llegado a unos niveles de sobrepoblación que, cada vez, son más insostenibles. Diariamente nacen más de 370.000 personas, lo que provoca que la cantidad de variables en las personas que nacen sea inmensa. De entre todos esos casos, no es de extrañar que algunas personas nazcan con algún tipo de defecto congénito o enfermedad genética.
La naturaleza es caprichosa y esto, que en muchas ocasiones puede jugar a nuestro favor, puede también ser perjudicial o desventajoso para nosotros. El caso que os traemos podría englobarse dentro de esa zona de ‘desgracias naturales’ que, por suerte (o esfuerzo humano), la ciencia ha podido remediar de forma exitosa.