Obviamente, el sexo siempre estaba presente y el juego subía de temperatura a medida que empezaban a vaciarse las botellas de alcohol.
Una de las preguntas que siempre me caía, sabedores mis amigos de mi pasión por la comida, era la de si prefería el sexo o el chocolate. Mi respuesta solo cambiaba si llevaba bastantes semanas sumida en una profunda sequía sexual, si no, siempre ganaba el segundo.