La mejor manera de afrontar el visionado de esta serie (y de cualquier otro trabajo de Lynch) es olvidar todo lo que uno haya visto hasta el momento para dejar que sea nuestra mente la que se adapte a lo que está viendo, algo a lo que la industria cinematográfica y televisiva no nos tiene demasiado acostumbrados, pues cada vez se nos ofrece un producto más triturado y de fácil digestión.