De todos modos sí hay algo que nos es común a la mayoría de gais y lesbianas y es que normalmente no se sale un día del armario y ya está, nos pasamos la vida en genitivo, saliendo, visibilizando. Ya sea porque cambiamos de trabajo, porque nos incorporamos a una actividad nueva de ocio, porque nos presentan a gente desconocida. Obviamente no siempre es necesario dejar constancia de entrada de nuestra orientación sexual, pero más temprano que tarde el tema acaba saliendo y toca volver a decidir si fingimos o nos limitamos a mostrar quienes somos a riesgo de sufrir la incomprensión o el rechazo. La buena noticia es que cada vez hay más aceptación y afortunadamente se puede empezar a vivir sin tener que “desarmarizarse”, sencillamente porque hay personas que nunca han estado dentro.