De hecho, creo que uno de los momentos más dolorosos para mí fue cuando le dije a mi ex que no quería seguir con la relación. No fue por terceras personas, ni por grandes discusiones, ni porque ya no nos quisiéramos. Simplemente, ya no era feliz con él. Se derrumbó de tal manera que no pude quitarme esa escena de la cabeza durante meses. Él lloró, yo lloré, y estuvimos abrazados llorando un buen rato. Tardé mucho más en superar eso que cuando mi último ex me soltó que me había estado engañando durante años.