Mis amigas fueron cayendo una a una, dejándome a mí como la única que no había pillado cacho. No fue hasta el último día cuando, en un bar de música en directo, me fijé en el cantante de uno de los grupos que tocaban. Al pedir una voluntaria para subir al escenario, mis amigas la liaron parda para que me eligiera a mí, y sí, allí sí que hubo tonteo desde el minuto uno. Pasamos juntos todo el tiempo que me quedaba hasta la vuelta a casa, maldiciendo por qué no nos habíamos conocido antes. «La culpa es de Tinder, que nos ha tenido ocupadas».