Porque lo primero que hicimos al llegar al hotel, antes incluso de deshacer las maletas, fue enchufar el GPS y poner en marcha nuestro radar de hombres. Queríamos comprobar a qué tipo de material íbamos a enfrentarnos. «Ah, pues este no está nada mal», «uy, mira que mono este otro»,»¿y qué me decís de este monumento?». Esas, con todas sus variantes, fueron las frases más repetidas de todas las vacaciones.