No cabe duda de que la mayor parte de discursos sobre el punto G participan de la mistificación de dicha zona. Lo aseguraba una investigación publicada en el ‘American Journal of Obstetrics & Gynceology’: desde su irrupción en el léxico sexual a principios de los años 80 en el libro ‘The G Spot‘ se ha convertido en un concepto muy utilizado, a pesar de que la evidencia sobre su existencia no haya sido concluyente. Aún peor si se trata del masculino: hay que poner mucho de nuestra parte para creer en él. Pero no tanto para disfrutarlo, se llame como se llame.
La ruta hacia el orgasmo