Ciertamente, y como si del clima se tratase, hay un momento de nuestra formación profesional, en la que asoma una gran turbulencia.
Estamos a punto de culminar nuestra carrera de grado, y el pesimismo que nos inyecta el mercado laboral, junto a las exigencias cada vez mayores a la hora de ocupar un puesto “digno”, hacen que el mar en el que navegamos no tenga las aguas más tranquilas.