Cuando llega el calor, los madrileños huyen de la ciudad como si no hubiera mañana. ¿Adónde? A Gandía, a Benidorm, a Peñíscola… o a cualquier lugar donde puedan ejercer de turistas cutres. Por la mañana, a tirarse en la arena y ponerse cual gambas. Por la noche, a andar por el Paseo Marítimo de rigor. Y ya. No se dan cuenta de que en Madrid, aunque no haya playa (vaya vaya), se pueden hacer mil planes diferentes. También en verano.