Comidas familiares. Esas reuniones en las que, no se sabe bien por qué, los padres siempre acaban ridiculizando a los hijos. Cuentan cosas que ni en tus peores pesadillas hubieras querido que contasen y tergiversan lo que sea para que a los demás les resulte gracioso. Y, lo peor de todo, es que tienes que tomártelo todo con una sonrisa, no vayas a quedar de maleducada delante de la familia.