La realidad es que no se trata de clasificar a los seres humanos en «mitad homo» y «mitad hetero» para discriminar su primera parte y aceptar la segunda. Somos seres completos con pensamientos y sentimientos completamente distintos, pero nunca más ni menos importantes; por lo tanto, todos merecemos el mismo respeto sin importar con quién decidamos acostarnos o de quién deseemos enamorarnos.