Un caso llamativo es el de la edad a la que se llevó a cabo el primer encuentro sexual. Por una parte, porque sobre este tema ellos mienten más que ellas. En segundo lugar, porque la mayor parte de inconsistencias señalan que la segunda vez que se hace la pregunta, tanto unos como otros dan una edad mayor. Solo el 22% repetían la misma cifra en diferentes ocasiones.
“Reservadas” y “fardones”
Estas mentiras son un problema para la investigación sobre sexualidad, pero benefician aparentemente en el corto plazo a quienes incurren en ellas. Por una parte, porque excusan a los que las pronuncian de tener que dar explicaciones o someterse al juicio de una sociedad que, aunque no lo pensemos, sigue teniendo claros prejuicios respecto a determinados comportamientos sexuales (no solo con la promiscuidad, sino también con la abstinencia).