A partir de ahí no paramos de hablar en toda la noche. La verdad es que se había vuelto un tipo interesante, mucho más que el típico quarterback de las pelis americanas que era en nuestros años mozos. Cuando creía que ya lo tenía hecho, que aquella noche no iba a dormir sola, va y me suelta que estaba felizmente casado y tenía dos hijos.