Así han pasado dos semanas de «coincidencias» y miradas no-furtivas. Pero, como en todos los pequeños enamoramientos en el metro, nunca nos hemos dicho nada. Hasta hoy, un día cualquiera más que no ha sido como todos los días. No sé por qué, el metro iba más vacío de lo normal. Y, casualidades de la vida, el señor que iba sentado a mi lado en el metro se ha levantado justo en el momento en el que ha entrado él. El moreno de ojos verdes y pelo rizado no ha dudado ni un instante y ha ocupado el asiento vacío.