Y llegó el invierno más divertido con Moschino, que cambiaba su tradicional cita con Milán por la de la capital británica. Sobre un escenario nevado, con copos cayendo literalmente sobre la pasarela, se consiguió recrear un imaginario en el que el esquí se volvía más sexy que nunca, gracias en gran parte a la música escogida y lo ligeritos de ropa que iban los modelos. Jeremy Scott, el mediático diseñador de la casa italiana, quiso apostar por las pieles y los materiales más naturales, haciendo uso del estampado leopardo, el borrego o el visón en sus maxi-abrigos. También se vio mucho naranja, algún que otro guiño al tartán y conjuntos metalizados en varios looks alpinos.