Con el segundo, la cosa fue algo mejor. Quedamos para tomar un café y me llevó a un sitio monísimo. Era inteligente, irónico y bastante mono, pero tenía un gran problema: una falta total de autoestima. Sus desastrosas relaciones sentimentales lo habían dejado herido de gravedad, y ahora solo se atrevía a ligar a través de su perfil en la red. Lo apunté en mi agenda de los «por si acaso».