Ese fue el error del primer tío que conocí mediante el online dating. A cada cosa que yo decía, aunque fuera la gilipollez más grande del mundo, él repetía «y yo también», «qué casualidad», «igual que a mí». Pidió el mismo plato que yo, la misma bebida y el mismo postre. Entonces llegué a la conclusión de que una cena era pasar demasiado tiempo con alguien que no sabía si me iba a interesar.