Todos los que hemos ido alguna vez de festival sabemos lo fácil que es hacer amigos. Que si los vecinos de la tienda de campaña, los compis de la primera fila de los conciertos, o los colegas que has hecho en la cola del polyklyn. Pero claro, por mucho que en aquel momento os hayáis jurado amistad eterna, el estado etílico en el que os encontráis impide que os deis algún tipo de contacto para volver a hablar algún día.