La isla de Praslin, la segunda más importante del país, ofrece al turista un alojamiento en algún hotel de lujo, casi sobre las mismas aguas de cristal del calmo mar, y emplazado en una porción de terreno que se logró quitar a la frondosa vegetación. En este entorno no esperemos encontrarnos con música a alto volumen o marcha, es más bien el espacio ideal para un relax superlativo, y por qué no, para la intimidad más profunda.