Al parecer, los datos demuestran que ni los hombres son de Marte ni las mujeres de Venus, que somos del planeta Tierra y nos parecemos más de lo que creemos, hasta en la cama. El psicólogo Alan Fogel lo achaca a una razón meramente fisiológica. “Las vías neuromotoras para las contracciones orgásmicas son similares en machos y hembras de todos los mamíferos. A la naturaleza le gusta ser práctica, así que, ¿por qué utilizar diferentes métodos para una misma función?”, señala en ‘Psychology Today‘.

Asimismo, señala que el orgasmo tiene el mismo propósito sin importar el género: la procreación. Él lo explica argumentando que “los momentos emocionales compartidos mejoran nuestro sentido corporal propio y el de nuestra pareja”. Y pone el siguiente ejemplo: “Cuando observamos a alguien llorando, sentimos tristeza por y con ellos. Cuando observamos a alguien que siente un orgasmo, independientemente del género, aumenta nuestro deseo, nuestras ganas y nuestra experiencia. Si los orgasmos fueran radicalmente diferentes entre hombres y mujeres, esto sería imposible”.