Este tratamiento se continuó practicando por mucho tiempo, pero solo hasta hace poco se logró dilucidar por qué funcionaba. Se concluyó que era posible la degradación de la membrana de las células grasas: la grasa queda suelta, lo que facilita que se pueda manipular en cierta forma, depurar a través del drenaje linfático y evacuarla mediante funciones naturales de excreción.