El tratamiento emplea ondas ultrasónicas de baja frecuencia, de 30 a 70 kHz, que generan burbujas en el componente líquido del tejido adiposo. Las oscilaciones inducidas en los tejidos por la acción de los ultrasonidos generan fases cíclicas de compresión y descompresión. Éstas hacen que las microburbujas implosionen, provocando la ruptura de la membrana externa de los adipocitos y la consiguiente desintegración de la grasa.