Delicadas figuras femeninas, de mirada baja y melancólica, esculpidas en blanco mármol. Suaves y evanescentes, de cabello suelto o recogido, cuyos ropajes, de vaporosas gasas, dejan entrever e insinúan la belleza del cuerpo de la mujer. Un sin fin de esculturas religiosas y paganas que, a día de hoy, embellecen más si cabe iglesias, cementerios y calles de la ciudad condal.