Lo más curioso de esta serie no es tanto el complicado sistema político que mueve al complejo entramado de partidos políticos, lobistas, congresistas y senadores, algo que hemos visto mil veces reflejado. Sino la absoluta falta de escrúpulos de los políticos estadounidenses, no tan solo con la oposición, sino aún más con los miembros de su mismo partido e incluso dentro de la misma Administración.