Cuando estos huesos fueron presentados al paleoantropólogo encargado de estudiarlos, Lee Berger, no daba crédito de lo que tenía en sus manos: parecía que aquel nuevo ancestro humano estaba formado por un conjunto de características modernas (altura, dientes, pies, cara y cráneo) y otras más primitivas (hombros, dedos, pelvis y pecho).