El primer día de Oktoberfest, a las 12 en punto de la mañana (con puntualidad alemana) Dieter Reiter, el alcalde, perfora el primer barril de cerveza y pronuncia la frase „O’zapft is” (en dialecto bávaro, algo así como «ya está abierto ¡que comience la fiesta!») y sólo a partir de ese momento se puede empezar a servir cerveza.